Colección: L'Essere I

Ubicación: 51° 43’ 10.0" 0° 0’ 45.5"

"Ser o no ser, he ahí el dilema." Esta es la pregunta atemporal que Shakespeare planteó hace siglos. Perdura a través del tiempo, cambiando solo en el contexto, pero siempre volviendo al mismo dilema central. "Ser o no ser". ¿Nos define nuestra propia percepción de nosotros mismos, o cómo nos ven los demás? ¿Somos observadores de la vida o sus consumidores? ¿Somos la fuerza que nos impulsa hacia adelante, o meramente el reflejo proyectado por la mirada de quienes nos rodean?

Nos preguntamos si somos la vida que se nos concede o la vida por la que luchamos para reclamar. ¿Somos las elecciones que tomamos o las esperanzas a las que nos aferramos? La tensión entre *nosotros* y *nuestro reflejo* es un espejo de la lucha eterna: la existencia que heredamos o la que forjamos con esfuerzo.

Las palabras de Shakespeare resuenan como un espejo de mis propias reflexiones. La pregunta no es solo filosófica, es personal. Pregunta si somos receptores pasivos de la vida o participantes activos en su configuración. Si somos la chispa que brilla en la oscuridad o la sombra que se desvanece bajo una luz intensa.

Somos tanto la vida que se nos da como la vida que moldeamos con nuestras acciones. Definimos nuestra existencia no solo para nosotros mismos, sino para las comunidades que construimos. Al igual que con los ecosistemas de los que nos hemos distanciado, nuestras acciones se propagan hacia afuera, beneficiando a otros y, a su vez, a nosotros mismos.

La respuesta, quizás, reside en el equilibrio: somos los dadores y receptores de vida, los observadores y los observados, los pensadores y los reflejos. Ser es involucrarse, moldear y crecer.